El poder del lenguaje emocional - Capital Humano

El poder del lenguaje emocional

  • Tener un lenguaje emocional limitado es considerado por algunos expertos como una señal de escasa inteligencia emocional. Conocer sus emociones y dominarlas puede evitarle malentendidos y hacerlo más productivo.

    Tener un lenguaje emocional limitado es considerado por algunos expertos como una señal de escasa inteligencia emocional. Conocer sus emociones y dominarlas puede evitarle malentendidos y hacerlo más productivo.

    Un camino para conocer y controlar las emociones es aprovechar el poder del lenguaje y su enorme capacidad para configurar realidades. En este sentido, Travis Bradberry, presidente de TalentSmart, señala que todas las personas expresan sus sentimientos, pero solo unas cuantas son capaces de identificarlos con claridad cuando afloran.

    El limitado vocabulario en esta área es señal de escasa inteligencia emocional; en cambio, aquellas personas que sobresalen por este conocimiento dominan sus emociones porque saben identificarlas y tienen un vocabulario para nombrarlas.

    “Muchas personas simplemente definen su estado de ánimo como ‘malo’. Las emocionalmente inteligentes saben decir ‘frustrado’, ‘ansioso’, ‘irritable’, etc. Cuanto más específica sea la palabra, mejor conocimiento tendrás de qué estás sintiendo, qué causa la sensación y qué hacer al respecto”, ha dicho Bradberry en sus escritos.

    Puede realizar el Test: ¿Su organización es emocionalmente inteligente?

    Controlar las emociones negativas es una de las capacidades que se le reconocen a quienes quieren ejercer o ejercen el liderazgo en los diferentes ámbitos, ya sea laboral, familiar o social.

    Por eso, Jairo Carrillo, profesor de Psicología de la Universidad Nacional de Colombia, considera que un líder debe ser ante todo un “Pigmalión positivo”, es decir, “un ser íntegro en la conducta; tener valores de respeto y consideración hacia el otro y comprender que gran parte del comportamiento de las personas a su alrededor depende de la expectativa que uno mismo tiene sobre ese comportamiento”.

    Este concepto del efecto Pigmalión data de la década del sesenta y fue acuñado por el psicólogo social Robert Rosenthal, a partir de un personaje de la mitología griega.

    Pigmalión era un escultor quien alguna vez empezó a esculpir el cuerpo de una mujer y le quedó tan bonita que se enamoró de ella y les pidió a los dioses que la convirtieran en mujer real. La diosa Afrodita atendió su ruego y así apareció Galatea, a quien el escultor convirtió en su esposa.

    Con base en el efecto Pigmalión e investigaciones realizadas por Rosenthal con estudiantes y docentes, las expectativas y creencias positivas sobre la otra persona pueden llegar a mejorar su desempeño.

    Le puede interesar: Seleccionar personas emocionalmente inteligentes puede ahorrar costos en su organización

    “La gente puede funcionar bien si se lo permitimos”, afirma Carrillo al referirse a un experimento similar al de Rosenthal, realizado por uno de sus estudiantes en una empresa del sector de bebidas.

    Los supervisores a quienes les dijeron que los trabajadores eran maravillosos y fueron pigmaliones positivos, presentaron buenos indicadores de desempeño, bajo ausentismo, disminución de errores y mejoras en cuanto a los estándares de seguridad industrial.

    Ojo al tono y a los peros

    Para crear un clima organizacional retador y positivo, Iván Martínez, profesor de Psicología de la Universidad Nacional, también llama la atención sobre otro de los aspectos del lenguaje, que va más allá del lenguaje emocional y tiene el poder de construir o demoler las relaciones del entorno. “A veces el término es uno pero el tonito en que lo dicen…Yo he oído frases como: ‘A mí en mi empresa me piden planes de reconocimiento y felicitaciones, pero yo creo que el mejor reconocimiento es el salario que les pago todos los meses’”.

    Para Martínez hay muchas otras cosas que también hacen parte de la naturaleza humana. “Hay personas que son capaces de hacer cosas maravillosas, no por el pago sino por el servicio o por sus valores o convicciones”, como el ingeniero que dona tiempo y da clases de matemáticas en colegios de estratos bajos.

    El hecho de que cada persona conozca primero sus emociones para que pueda identificar qué lo lleva al límite, evita que estas afecten negativamente la construcción de soluciones creativas para cualquier tipo de conflicto o relaciones entre compradores y vendedores.

    Lea: Claves para incrementar su inteligencia emocional

    “Si tú no te conoces, no vas a tener la capacidad de diferenciar, en ese maremágnum de emociones, qué proviene del medio exterior, qué proviene de tu medio interior y qué es la mezcla de todas las emociones de todo lo que está pasando”, dice Martínez.

    El docente e investigador aboga no solamente por desarrollar la capacidad de controlar las emociones, sino de ponerlas al servicio de lo que se necesita, de regularlas para no influir en los otros.

    Por eso, siempre les recomienda a las personas que sean conscientes de cómo hablan, de cuántas veces utilizan la palabra ‘pero’, qué tanto su uso frena la interacción de otro, los aportes de otros y el diálogo de las emociones; porque cuando se escucha un “pero”, quien lo escucha de inmediato se pone a la defensiva.

    Cuando hay déficit en cuanto al control de las emociones y la persona está interesada en disminuirlo y mejorar, se pueden organizar talleres para entrenarse en el desarrollo de esas habilidades. Otra de las técnicas a las que se puede acudir es el coaching que ayuda al individuo a verse a sí mismo; encontrar fórmulas para superar las limitaciones y ejecutar en forma más exitosa las tareas que solo se pueden cumplir con otros.

    ¿Le gusto este tipo de contenido? Regístrese y permanezca actualizado en Capital Humano, un portal especializado en la gerencia de Recursos Humanos.

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *