Cómo ser mejor en el teletrabajo según la ciencia

    Cómo ser mejor en el teletrabajo según la ciencia

  • Para quienes se enfrentan por primera vez a teletrabajar diariamente, la sensación de que se vive en la oficina puede ir en aumento, mientras que el límite entre lo profesional y lo personal se hace cada vez más difuso. ¿Cómo dominar esta faceta laboral como un científico de la conducta?

    10 abril 2020

    Para quienes se enfrentan por primera vez a teletrabajar diariamente, la sensación de que se vive en la oficina puede ir en aumento, mientras que el límite entre lo profesional y lo personal se hace cada vez más difuso. ¿Cómo dominar esta faceta laboral como un científico de la conducta?

    Aunque el home office ya era parte del ADN empresarial de algunas compañías antes del confinamiento, la implementación de esta metodología como una práctica diaria genera un entorno novedoso para la mayor parte de la sociedad.

    La coyuntura actual exige adaptarse y un proceso de aprendizaje para familiarizarse con nuevas tecnologías y con formas de trabajo desconocidas para muchos.

    ¿Qué deben hacer quienes no estaban acostumbrados a esta realidad? ¿Cómo deben responder las personas cuya rutina está bajo una nueva configuración?

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    Reconocer la ventaja que representa estar trabajando

    A pesar de los retos que la imposición del teletrabajo ha traído consigo, poder afrontarlos es, de por sí, una oportunidad: “Seguir haciendo lo que se sabe hacer durante la exigencia del aislamiento social favorece mantener la motivación y las rutinas”, explica Hernando Santamaría, neurocientífico, psiquiatra y docente de la Universidad Javeriana y la Universidad Nacional.

    Sentir que durante una situación de cambio, como la actual, se sigue siendo parte de algo, que se tiene un propósito y se está construyendo un futuro diariamente son ventajas propias del teletrabajo durante la pandemia COVID-19. Además, propende por el contacto social y facilita que las personas se conecten y compartan, aunque sea a kilómetros de distancia.

    Un primer paso para sobrellevar mejor el home office es verlo bajo la lupa de la salud mental: tener las responsabilidades laborales que usted acarrea ahora es un modo de cuidar de sí mismo.

    Empaparse de lo desconocido

    “En este aprendizaje hay un elemento central al cual retornar: ¿cómo los humanos nos hemos adaptado a todos los cambios? De manera gradual, con un acercamiento progresivo a los nuevos métodos y hábitos”, dice Santamaría.

    En ese sentido, el consejo del neurocientífico es concreto: investigar por intención propia el entorno digital en el que se desarrolla el teletrabajo e involucrarse con él. Esto se traducirá en un aumento en la sensación de autoconfianza y en un mejor desempeño laboral.

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    Lo anterior implica hacer una búsqueda de qué son y cómo funcionan las herramientas y los métodos del home office: dedicarle tiempo a entender plataformas como Zoom, Google Meets, Microsoft Teams, cómo manejar las pestañas, cómo sacarle más provecho, cómo invitar a más gente a reuniones virtuales…

    Crear una rutina

    Una vez se hayan dominado las herramientas que exige el nuevo contexto —el entorno digital, durante la coyuntura de la pandemia COVID-19—, la clave está en no desbordarse en ellas durante horas y mantener horarios definidos en los que los tiempos personales y profesionales estén claramente diferenciados.

    Tres elementos son indispensables para que la creación de una rutina se construya adecuadamente: planeación, constancia y paciencia. Planeación para definirla adecuadamente, constancia para ejecutarla y paciencia para que se consolide en la vida diaria.

    De acuerdo a Nir Eyal, investigador de la conducta y autor del best seller Hooked: How to Build Habit-Forming Products, organizarse es vital para estar focalizado: “Ya no tenemos que matar nuestra comida, no tenemos que plantar nuestros propios cultivos, podemos hablar entre nosotros desde miles de kilómetros de distancia de forma gratuita. ¿El costo del mundo moderno? Lo siento, tienes que planificar tu día. Tener un plan sobre lo que vas a hacer y cuándo lo vas a hacer lo hace mucho más probable”, dijo en un episodio del podcast Action Design Radio.

    La constancia y la paciencia responden a los muchos estudios que han indicado que para que un nuevo hábito se establezca efectivamente se necesita un plazo mínimo de dos o tres semanas.

    Las reacciones emocionales frente al home office y la relación con el teletrabajo durante las dos primeras semanas son temporales. Solo hasta la tercera se construye realmente el hábito. Por eso, es importante que durante ese periodo se creen tiempos diferenciados de ocio y de trabajo”, asegura Santamaría.

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    ¿A qué se debe la duración de este plazo? “Es el tiempo necesario para que un comportamiento se adquiera y se afiance en relación con habituaciones físicas y con habituaciones neurofisiológicas y de memoria.

    El cerebro empieza a encontrar una forma de hacer las cosas, una forma que ya no le resulta tan difícil: ya no demanda tantos recursos de atención, ya no requiere el mismo esfuerzo mental y, por lo mismo, ya no genera el mismo agotamiento”, complementa.

    Respetar el modus operandi del organismo humano

    La adaptación total al home office va a darse con mayor facilidad y de una mejor manera si se construyen horarios que estén en sintonía con el modo en que opera normalmente el cuerpo.

    La coyuntura actual representa un escenario desconocido para muchos, pero eso no significa que modifique el modo en el que se dan muchas funciones humanas.

    “Si se quiere hacer una nueva tarea, se debe estar sincronizado con los procesos naturales neurofisiológicos y mentales. No vale la pena ir en contra de ellos: la gente solo logra media hora de atención hiperfocalizada y luego necesita un descanso de mínimo 15 minutos”, explica Santamaría.

    En otras palabras: no le exija a su cuerpo jornadas de trabajo de dos horas sin parar, ni espere que su cerebro tenga capacidad de llevarlas a cabo.

    Hacerlo representará un aumento en el nivel de frustración al no poder cumplir con sus propias expectativas, aunque estas sean irreales; una baja en su productividad y una pérdida de tiempo y de energía.

    Por eso, el docente recomienda que las reuniones virtuales no duren más de una hora —en 45 minutos se han dicho todas las cosas importantes y después de ese plazo los asistentes se dispersan— y que el trabajo individual se componga de 50 minutos de concentración seguidos por 10 de descanso.

    “Después de cuatro horas de trabajo intenso, aunque hayan habido breves descansos, se necesita una pausa más larga que debe ser física: pararse de la silla, caminar un poco, tomar algo de aire y mover el cuerpo”, agrega.

    Ser capaz de mantener la ilusión viva

    Tal vez el gran motor de la humanidad es la motivación, que surge por motivos individuales —cosas que se quieren superar, enfrentar, aprender—, pero también por razones de grupo a través de grandes proyectos”, dice Santamaría.

    Más allá de que las motivaciones sean personales o colectivas, todas están ancladas en objetivos individuales que varían en cada ser humano.

    Esto genera dos escenarios: el primero en el que los objetivos van de la mano con las motivaciones, en cuyo caso la persona está en un gran punto de partida; y un segundo en el que los objetivos más profundos del individuo van en una dirección distinta a las motivaciones de su realidad actual.

    ¿Qué hacer en ese segundo panorama? ¿Cómo encontrar motivación en situaciones que usualmente no despiertan eso en usted? Fijarse metas a corto y mediano plazo, y trabajar sistemáticamente para alcanzarlas en el menor tiempo posible, puede crear un panorama esperanzador.

    “Pensar en el corto plazo es una manera de encontrar motivación en el teletrabajo: por ejemplo, empezar por el reto de manejar las herramientas y las dinámicas, dominarlas, e integrar personas a ellas; y, después, continuar con el desafío de tener la productividad y eficacia que se tenía en la vida habitual”, concluye Santamaría.

    Otro modo de mantener la motivación elevada es no centrarse únicamente en el home office.

    Diversifique su cotidianidad, dedique el tiempo establecido a sus deberes profesionales, pero haga otras cosas también que le permitan tener nuevas ideas y nuevos horizontes, incluyendo mantener la actividad física y el contacto social virtual. “El tiempo fuera es útil, para enriquecerse con otras cosas, ver otras cosas, pensar otras cosas… Así, al volver a lo laboral, se es más productivo”, concluye Santamaría. El teletrabajo ahora es una parte importante de su vida, sí, pero dése un respiro: esa faceta no es su vida.

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